Costa Rica jugó de local en Panamá: "Déjelos hacer lo que quieran, vean el tiempo"
Fue un 5 de junio de 2023, nos levantamos con las pocas horas de sueño que logramos reunir y nos levantamos de la cama. Se sentían aquellas ansias de saber que tomaríamos un avión.
Eran las tres de la mañana, no hacía viento, y menos lluvia. Todo se siente en calma pero está extremadamente frío. El conticinio y aquella somnolencia nos acompañaría hasta el aeropuerto.
En fin, no estábamos dejando el país por vacaciones. Dejamos el país por que además de soñar con metas educativas, recreativas y laborales, también soñamos con metas deportivas.
A eso vamos. Por eso dejábamos el país.
El equipo de San Pablo de Heredia con sus divisiones de 15 y 17 años representó a Costa Rica en Panamá. Disputaron su primer campeonato fuera de nuestros 51, 100 kilómetros cuadrados.
El uniforme y las camisas de presentación que usaron los muchachos en suelo panameño lo decían todo.
Para iniciar, no viajamos todos en el mismo avión. Unos venían por Changuinola en avioneta (ciudad cerca de Bocas del Toro en Panamá) y los demás por el aeropuerto de Juan Santamaría en diferentes horarios, al fin y al cabo, todos logramos llegar con bien al hotel Victoria, Calle D, Panamá.
Un poco oscuro el cielo y con previa advertencia de hondas tropicales por parte de los expertos; Panamá nos advertía que la bienvenida estaría pasada por agua, y así sucedió.
El partido era el día siguiente. Lo que seguía era descansar del viaje y por orden del coach, todos los días a las 10:30p.m los jugadores tenían que dejar sus teléfonos celulares en la habitación 305, y al ser las 10:40, nadie podría estar por los pasillos del hotel Victoria.
La mañana del 6 de julio con las ansias al tope, nos subimos al bus alrededor de las 8 de la mañana. Los jugadores, los padres de familia y yo (en condición de hermana de uno de los jugadores) nos subimos al bus, que en frente traía una bandera de Costa Rica, el color del bus: rojo, (no me quería ilusionar).
Llegamos al Hoops Yard, un lugar increíble. Una cancha de baloncesto ubicada en calle José Agustín Arango 1210, diagonal al estadio Romel Fernández, que con suerte nos dejarían entrar.
Entremos a hablar de estadísticas pre partido; tenían que ganarse tres juegos de cuatro para pasar a la gran final. Justamente así sucedió, se ganaron tres juegos de cuatro y el único problema en las dos divisiones se llamó: Unity Basketball.
Un equipo panameño de basketball con jugadores preparados, entrenados y con un tamaño increíble.
Es 9 de julio, día de las finales. San Pablo de Costa Rica versus Unity de Panamá.
Los chicos de la U15 se limpiaron la cara, le hicieron ver al rival que el gane del juego pasado fue un accidente del basketball. Ganaron 57-34, el primer trofeo nos parecía "pura vida", pero, nos faltaba el otro, el de U17 y era el más difícil.
Los panameños le doblaban el tamaño a nuestros muchachos, pero eso nunca significa absolutamente nada. Lo queríamos todo.
Comenzamos ganando, sin embargo, con el paso del tiempo el marcador se volvería más y más ajustado. Nos tenían presionados. 56-56, 58-58, 61-60.
El gigante de apellido Dos Santos era el más grande de todo Unity. Pero, ¿era un problema? Mentalmente si, quería entrar a la cabeza de nuestros jugadores con el famoso "trash talk" que caracteriza un estilo de juego en el basketball.
Costa Rica presenta jugadores con suficiente habilidad en este deporte para sacar la casta. ¿Quieren hablarnos de carácter?
Con el apoyo de todos los papás (y yo), hacíamos todo el ruido posible, éramos distractores en los tiros libres y parecíamos la Banda Municipal de Zarcero cuando los nuestros encestaban. Entramos en un descontrol total, la bandera de Costa Rica que por cierto yo llevé (a nadie se le ocurrió llevar una pequeña representación de su país) ondeaba por todo el lugar.
Éramos visita, pero el ambiente le hizo saber a nuestros jugadores que realmente estábamos jugando como en casa.
El sonido del marcador se hacía irritantemente largo, nos adelantamos con un triple y una canasta de "JuanPi", que sin miedo a nada le decía a los nuestros: "Hey tranquilos, déjelos hacer lo que quieran, vean el tiempo".
El tiempo marcó 0 segundos en el reloj y con un 65-60 nos favoreció el marcador a nosotros, a nosotros, a Costa Rica. A quienes se levantaban temprano y se acostaban tarde, a quienes entrenan y le deben su pasión y carácter al basketball.
A los que estaban llamando a sus padres con el trofeo en la mano por que viajaron solos, a los que anotarán en su curriculum deportivo que son campeones fuera de Costa Rica, a quienes tenían energía y seguían tirando por última vez en el Hoops Yard, todo eran risas, choques de puño, abrazos llenos de sudor y miradas con una sonrisa incluida.
Una vez abandonado el lugar, nos subimos al bus rojo con las manos llenas y el corazón tranquilo.
Lo ganamos todo en Panamá. Digo ganamos por que el deporte al final nos une a todos como país, como compañeros, como familia.
¿La historia de celebración? La mejor, en la habitación 305, donde los muchachos iban a dejaban sus teléfonos a la hora de dormir, pero mejor no ahondaremos en detalles acerca de la celebración, para que nuestro coach no se vuelva a enojar.
¿La próxima aventura juntos como familia? Medellín, Colombia.











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